Mi tío Franco que sufre del mal de Alzheimer se decidió firmemente a escribir su libro “Mis memorias”. Ayer tuve oportunidad de espiar el borrador. El libro comienza más menos así:
Mi tío Franco que sufre del mal de Alzheimer se decidió firmemente a escribir su libro “Mis memorias”. Ayer tuve oportunidad de espiar el borrador. El libro comienza más menos así:
Un día que correspondía cobrar nuestros haberes nos encontrábamos mi esposa y yo haciendo fila en una entidad bancaria ubicada en el centro de la ciudad de Córdoba para hacer autorizar los mandamientos (esto indica más o menos la fecha que ocurrió esto) para poder cobrar. Mi señora estaba delante de mi. Una vez que el empleado del banco se lo autoriza, ella se retira, el guaso ni me mira (seguía yo en la fila) y se queda observando detalladamente el culo de mi mujer. Cuando me acerco y medio como que me interpongo entre esa mirada lasciva y mi mujer, el tipo me dice: “Esta buena la petisa, ¿no?”. Yo lo miré con cara de ganador, le muestro el anillo y le respondo: “Me lo vas a decir a mi, hace 5 años que estoy casado con ella”. El tipo se puso blanco, me firmó el mandamiento y me lo dio sin mirarme. ¡La vergüenza que tenía! Me fui de ahí mirando la parte de atrás de mi mujer y pensando: la verdad es que está fuerte la petisa….
Me sorprendieron mirando a una joven de unos 19 años, que en verdad llamaba la atención por su belleza. En eso, mi mujer que estaba a mi lado, me dice socarronamente para hacerme sentir como un geronte:
- Ehhh, dejá de mirar esa chica, podría ser tu hija!!
- Es que yo la veo como un padre…como un Padre Grassi.
Siempre fui un tipo de remarla. Pero de remarla lunga eh? María José me gustó desde el primer momento que la ví. Después de mucho trabajar y de hacer el filo, conseguí salir con María José. Unas palabras sentidas y dos copas de más bastaron para llevarla a donde tanto había soñado. Nunca supe porqué carajos se llamaba María, pero fue ese día en que supe… porqué se llamaba José !!!!
Este blog intentará ser un refugio, una especie de santuario de aquellos que necesiten esconderse por unos momentos no sólo de sus acreedores, sino de la negatividad globalizada.